Misa homenaje a Nino, celebrada en la iglesia de El Salvador y San Nicolás de Madrid, con la asistencia de amigos y familiares que quisieron acompañarlo en su último adiós, en un ambiente donde la emoción y el recuerdo caminaron de la mano.
Nino, tan joven aún, deja una huella difícil de borrar. Alegre, trabajador, creativo y profundamente humano, era de esas personas que convertían lo cotidiano en algo especial. Tenía una forma única de estar en el mundo: cercana, generosa, siempre con una sonrisa preparada y una palabra justa para cada momento.
Su pasión por la moda y la cocina no era solo un gusto, era una forma de expresión. Sus tiendas de ropa y su restaurante fueron reflejo de su personalidad: lugares con alma, con estilo, con ese toque suyo que hacía que todo pareciera más bonito y más vivo.
Pero si algo definía a Nino por encima de todo, era su amor por Tony. Un amor sincero, visible, de los que no necesitan explicaciones porque se sienten en cada gesto, en cada mirada compartida.
La ceremonia, aunque marcada por la tristeza de la despedida, no pudo evitar dejar espacio para una sonrisa. Porque hablar de Nino sin recordar su alegría sería traicionarlo un poco. Más de uno pensó —y quizá no le falte razón— que, de poder verlo, él habría hecho algún comentario sobre la sobriedad del acto o habría sugerido añadir un poco más de estilo.
Hoy lo despedimos, pero también lo celebramos. Porque Nino no fue solo alguien que pasó por nuestras vidas: fue alguien que las llenó de color, de calidez y de autenticidad.
Lo despedimos con el Ave María que sonó maravilloso y nos emocionó a todos y todas.
Descansa en paz, Nino. Tu esencia, tu alegría y tu inconfundible estilo seguirán siempre con nosotros.
Juan Dresán.
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